El rugido de los Hypercar volvió a resonar en el Autodromo Enzo e Dino Ferrari con una certeza que, a estas alturas, empieza a parecer costumbre: Toyota sabe ganar incluso cuando no parte como favorito. En las 6 Horas de Imola, prueba inaugural del Mundial de Resistencia, la marca japonesa firmó una victoria construida con precisión quirúrgica, imponiéndose a Ferrari tanto en el asfalto como en la estrategia.
El triunfo fue para el Toyota #8, pilotado por Sébastien Buemi, Ryo Hirakawa y Brendon Hartley, que celebraron además la victoria en la participación número 100 del fabricante en el WEC. Un logro simbólico que resume la solidez de un equipo que rara vez falla cuando la carrera entra en terreno estratégico.
Ferrari, que había arrancado el fin de semana con autoridad, tuvo que conformarse con el segundo puesto. El 499P #51, tripulado por Alessandro Pier Guidi, James Calado y Antonio Giovinazzi, partía desde la pole position y dominó el arranque, pero terminó cediendo ante el ritmo y la inteligencia táctica de su rival.
El podio lo completó el otro Toyota, el #7 de Kamui Kobayashi, Nyck de Vries y Mike Conway, culminando una remontada silenciosa pero efectiva. Desde la salida, Ferrari mostró sus cartas. Calado mantuvo el liderato con solvencia, mientras Miguel Molina, con neumáticos blandos, superaba a Hartley para consolidar un doblete provisional.
Durante la primera hora, el equipo italiano parecía tener la carrera bajo control, pero en resistencia cada segundo en boxes pesa tanto como en pista. Y ahí Toyota empezó a inclinar la balanza. Una parada más rápida permitió a Hartley recuperar posición frente a Molina, y poco después llegó el primer movimiento clave.
Toyota llamó al #8 a boxes sin cambiar neumáticos, una apuesta arriesgada que entregó el liderato a Hirakawa. Ferrari respondió, pero el golpe estratégico ya estaba dado. El momento decisivo llegó con la intervención del Virtual Safety Car. El debutante Nick Cassidy se quedaba detenido con el Peugeot #93 en su vuelta de salida, lo que neutralizó la carrera.
Toyota aprovechó la oportunidad a la perfección: parada limpia, sin pérdida de tiempo, y regreso a pista con ventaja intacta y neumáticos frescos. Ferrari, pese a reaccionar, no logró revertir la situación. A partir de ahí, el #8 controló la carrera con firmeza. Hirakawa abrió hueco, y en el relevo final Buemi se encargó de rematar el trabajo.
Ni siquiera la amenaza de lluvia en las últimas horas alteró el guion. El suizo cruzó la meta con 13 segundos de ventaja, sellando una victoria incontestable. Detrás, el Toyota #7 también jugó su propia partida. Tras caer al séptimo puesto en el primer stint, apostó por alargar la vida de sus neumáticos y escalar posiciones hasta colocarse en la lucha por el podio.
Una estrategia similar le permitió incluso superar momentáneamente al Ferrari #51 antes de ceder la segunda plaza en el tramo final. Más atrás, el resto de fabricantes quedaron fuera de la pelea real por la victoria. Alpine firmó una actuación sólida con el cuarto puesto del A424 #35 de Charles Milesi, Ferdinand Habsburg y António Félix da Costa.
BMW también dejó buenas sensaciones, con el quinto lugar pese a una penalización que complicó su carrera. Ferrari, por su parte, vio cómo su segundo coche, el #50, se descolgaba tras una sanción en la primera mitad, terminando finalmente sexto pese a haber luchado por el podio en los compases iniciales. Cadillac tuvo un breve espejismo de liderato al estirar su parada durante el VSC, pero una penalización posterior lo devolvió a la realidad.
En LMGT3, la carrera ofreció un guion igual de cambiante. El BMW M4 GT3 #69 del equipo WRT, con Dan Harper, Anthony McIntosh y Parker Thompson, se llevó la victoria tras una remontada constante y oportunista. El momento clave llegó cuando el McLaren #10 de Garage 59, que lideraba con solvencia en la última hora, sufrió un problema de alternador que lo dejó fuera de combate.
El Corvette #33 de TF Sport heredó momentáneamente la posición, pero terminó segundo, mientras que el Porsche #92 de Manthey completó el podio tras sobreponerse a una penalización temprana. Una categoría marcada por adelantamientos, estrategias cambiantes y un desenlace tan inesperado como decisivo.
Imola abrió la temporada con una lección clara: en el WEC, la velocidad importa, pero la victoria se construye con inteligencia. Y en ese terreno, Toyota sigue marcando el ritmo.


