A las puertas de arrancar la temporada 2026, Carlos Sainz hace balance del nuevo Williams. El madrileño reconoce que el equipo ha pasado por un invierno complicado y que arrancan un paso por detrás, pero confía ciegamente en la capacidad de desarrollo de Grove a lo largo del año.
La cuenta atrás para que los semáforos se apaguen en Melbourne está llegando a su fin, y con ella, el inicio de una de las etapas más desafiantes en la carrera de Carlos Sainz. En su primer año vistiendo los colores de Williams bajo la nueva y revolucionaria normativa técnica de 2026, el piloto español ha querido rebajar la euforia y apostar por la sinceridad absoluta.
Durante un evento organizado por su patrocinador, Estrella Galicia 0,0, Sainz mandó un mensaje realista sobre la situación actual de su nueva escudería. «Siempre me gusta ser realista, no estamos a la altura de donde estábamos a final del año pasado. Ha sido un invierno muy duro para el equipo», confesó sin tapujos el madrileño.
Tras perderse Barcelona por retrasos en la producción y completar unas jornadas de test en Baréin que dejaron destellos positivos pero también problemas de sobrepeso en el monoplaza, el español tiene claro que el FW47 es un proyecto al que aún le falta maduración. «El coche está verde, aún hay que mejorar» es la consigna que impera ahora mismo en el box de Grove.
Pese a que el punto de partida en Australia podría no ser el ideal, Sainz no enciende las alarmas. El madrileño era plenamente consciente del monumental reto que suponía firmar por una escudería en plena reconstrucción justo en el año del gran cambio de reglamento. Sabía que en este camino habría baches, pero su confianza en el proyecto liderado por James Vowles se mantiene intacta.
«Que la primera carrera vaya de una manera no quiere decir que vaya a ser el tono de toda la temporada», advirtió Carlos. «Va a ser un año donde se desarrollará muchísimo el coche y también el motor. Me gustaría que a final de temporada estuviéramos al menos como a finales del año pasado o por encima», señaló, fijando como objetivo terminar peleando por ser el quinto mejor equipo de la parrilla una vez que se desate la guerra de evoluciones.
Aun así, Sainz recalca que hasta que no pongan los coches en pista en Albert Park y todos expriman las unidades de potencia al máximo, será imposible saber en qué escalón exacto de la parrilla se encuentran. El otro gran tema de conversación ha sido la nueva normativa de 2026, que ha generado duras críticas públicas por parte de algunos de sus compañeros de parrilla.
Fiel a su estilo diplomático y constructivo, Sainz ha preferido desmarcarse de las quejas ante los micrófonos. «Tirar piedras sobre tu propio tejado nunca ha sido muy astuto. Todos vivimos de la Fórmula 1, y criticar públicamente a tu propio deporte crea un círculo vicioso», reflexionó el español.
Para Sainz, los trapos sucios se lavan en casa: prefiere dar su feedback en privado a la FIA y a la FOM tras disputar las primeras cuatro o cinco carreras. Su única petición pública a los altos mandos del Gran Circo ha sido clara: que mantengan la mente abierta por si es necesario ajustar configuraciones y mejorar el espectáculo en pista.

