El Mundial de Fórmula 1 afronta en Bakú una nueva cita del campeonato y, con ella, el inicio de una nueva triple cita consecutiva. El Gran Premio de Azerbaiyán volverá a llevar a los monoplazas a uno de los circuitos urbanos más particulares del calendario, un trazado que combina las estrechas calles del casco antiguo con largas rectas en las que la velocidad punta adquiere un protagonismo absoluto.
Pirelli ya ha definido las claves que marcarán el comportamiento de los neumáticos durante el fin de semana. Para esta edición, el fabricante italiano ha seleccionado los compuestos C3 como duro, C4 como medio y C5 como blando, una elección que apuesta por la gama más blanda disponible dentro de la selección realizada para Bakú.
El circuito azerí cuenta con 6,003 kilómetros y 20 curvas, con una combinación muy exigente de zonas técnicas y largas aceleraciones. Algunas de sus curvas son prácticamente de 90 grados, mientras que la recta principal permite alcanzar velocidades muy elevadas.
Una de las principales particularidades de esta edición será la distribución del fin de semana. El Gran Premio se disputará un día antes de lo habitual: los dos primeros entrenamientos libres tendrán lugar el jueves, la clasificación se celebrará el viernes y la carrera arrancará el sábado.
El cambio de programación será otro elemento a tener en cuenta para pilotos y equipos, que tendrán menos tiempo para preparar el coche entre las diferentes sesiones. Además, algunas zonas del circuito han sido reasfaltadas. Los trabajos se han concentrado alrededor de las curvas 2, 3 y 4, aunque Pirelli no espera que estas modificaciones tengan un impacto significativo sobre el comportamiento de los neumáticos.
Como suele ocurrir en los circuitos urbanos, la pista comenzará el fin de semana con unos niveles de adherencia relativamente bajos. Sin embargo, la evolución será importante a medida que los monoplazas acumulen goma sobre el asfalto. Las características del asfalto de Bakú apuntan a una carrera con baja degradación y desgaste de los neumáticos.
El firme es relativamente liso y poco abrasivo, por lo que Pirelli considera que la estrategia de una sola parada será probablemente la opción predominante. El comportamiento del C5 será uno de los grandes focos de atención. El compuesto blando podría permitir realizar relevos considerablemente largos, algo que ya pudo observarse recientemente en Monza, un circuito que comparte determinadas características con Bakú.
Esta situación también puede provocar que algunos equipos decidan no utilizar el compuesto duro durante la carrera, apostando por las alternativas más blandas para maximizar el rendimiento. La elección supone un cambio respecto al Gran Premio de Azerbaiyán del año pasado, cuando Pirelli seleccionó una gama todavía más blanda con el C6 como compuesto blando.
Sin embargo, aquella opción no tuvo protagonismo en carrera, ya que los pilotos optaron por alargar sus relevos utilizando principalmente los C5 y C4. Aunque la degradación general no debería convertirse en uno de los grandes problemas del fin de semana, Pirelli sí contempla la posibilidad de que aparezca graining, especialmente durante las primeras sesiones.
La falta inicial de adherencia puede provocar que los neumáticos sufran una formación de pequeños gránulos en su superficie. No obstante, el fabricante italiano no espera que este fenómeno termine siendo determinante para el rendimiento durante la carrera.
El circuito debería ir evolucionando progresivamente con la acumulación de goma, mejorando los niveles de agarre y permitiendo que los pilotos puedan extraer más rendimiento de los neumáticos. Bakú es un circuito urbano, pero eso no significa que los neumáticos trabajen poco. Al contrario, la combinación de su larguísima recta principal y las numerosas aceleraciones desde curvas lentas genera importantes cargas sobre las gomas.
El trazado responde claramente al concepto de stop-and-go, con constantes cambios entre fuertes frenadas y aceleraciones. En este escenario, la estabilidad del monoplaza durante las frenadas y la capacidad para conseguir una buena tracción a la salida de las curvas serán fundamentales.
La configuración aerodinámica también tendrá un papel importante. Los equipos tendrán que buscar un equilibrio entre la carga necesaria para ser competitivos en las zonas lentas y la resistencia al avance que puede penalizar considerablemente en las largas rectas. Un monoplaza eficiente aerodinámicamente y capaz de generar velocidad punta sin sacrificar demasiado rendimiento en las curvas puede encontrar una ventaja importante en las calles de Bakú.
Uno de los aspectos que más preocupa a Pirelli es la gestión de las temperaturas. La larga sección a fondo que conecta la última curva con la primera genera un efecto de refrigeración considerable sobre los neumáticos. Este fenómeno se ve reforzado por la evolución en el diseño de las llantas, lo que puede provocar que las gomas lleguen a las frenadas más fuertes con temperaturas inferiores a las ideales.
Esto podría incrementar el riesgo de bloqueo de las ruedas, especialmente en el eje delantero, durante las grandes frenadas que caracterizan al circuito. Los pilotos tendrán que encontrar, por tanto, el equilibrio entre mantener los neumáticos dentro de su ventana de funcionamiento y evitar que pierdan temperatura durante los largos tramos a fondo.
Las condiciones ambientales también pueden contribuir a controlar las temperaturas. Aunque las temperaturas en Bakú suelen ser elevadas, la propia configuración urbana del circuito genera numerosas zonas de sombra debido a los edificios que rodean el trazado.
Esto limita el calentamiento del asfalto y puede ayudar a evitar problemas de sobrecalentamiento. El resultado será un escenario en el que la gestión térmica puede convertirse en uno de los factores decisivos, especialmente si los pilotos tienen que mantener los neumáticos dentro de la ventana correcta durante periodos prolongados.
Con una degradación prevista muy baja, una estrategia a una parada como principal escenario y una importante evolución de la pista durante el fin de semana, Pirelli anticipa un GP de Azerbaiyán en el que la gestión de los neumáticos volverá a estar estrechamente ligada al rendimiento aerodinámico y a la capacidad de los equipos para encontrar el equilibrio adecuado entre velocidad punta, frenada y tracción.


