Para Mick Schumacher, cambiar la Fórmula 1 por la IndyCar no fue simplemente mudarse de campeonato: fue entrar a un mundo completamente distinto. El piloto alemán, hijo de Michael Schumacher, reconoció que, pese a toda su experiencia en Europa, no estaba preparado para lo que encontraría en Estados Unidos.
Tras sus primeras carreras con Rahal Letterman Lanigan Racing, Schumacher hizo un balance sincero en su canal de YouTube y confesó que el impacto cultural y deportivo fue mucho mayor de lo esperado. “Pensaba que estaba preparado, pero no lo estaba”, resumió el alemán luego de sus primeros fines de semana dentro de la categoría estadounidense.
Uno de los primeros choques llegó incluso antes de su debut en St. Petersburg. Acostumbrado a la organización y protocolo de los campeonatos europeos, Schumacher se encontró con una atmósfera completamente distinta en la parrilla de salida de IndyCar. Mientras en Europa los pilotos suelen tener un entorno mucho más controlado, en Estados Unidos los aficionados tienen acceso al pitlane minutos antes de la carrera, lo que genera un ambiente caótico alrededor de los autos y equipos.
El propio alemán relató que, en medio del bullicio, ni siquiera encontraba su coche. “Al principio no sabía qué hacer. Estuve dando vueltas buscando mi coche y a mi equipo”, contó el piloto de 27 años. Pero no solo tuvo que adaptarse al ambiente. Uno de los aspectos más simples terminó siendo uno de los más complicados: dejar atrás el sistema métrico. Schumacher explicó que cambiar kilómetros por millas y grados Celsius por Fahrenheit fue más difícil de lo esperado durante las conversaciones por radio y dentro del equipo.
La primera carrera de Schumacher en IndyCar duró muy poco. En el circuito urbano de St. Petersburg, el alemán quedó atrapado en un accidente apenas en la primera vuelta y solo pudo completar cuatro giros antes de abandonar. Pese al golpe anímico, el alemán prefirió quedarse con lo positivo.
Aseguró que incluso una carrera tan corta le permitió obtener información valiosa sobre el comportamiento del coche y el funcionamiento de la categoría. Sin embargo, el segundo fin de semana en Phoenix fue el que más lo marcó. Allí disputó por primera vez una carrera en un óvalo, una disciplina totalmente ajena a su formación en Europa.
La clasificación fue alentadora: Schumacher logró colocarse cuarto en la parrilla, un resultado que generó expectativas y sorprendió incluso a varios aficionados de IndyCar, considerando que era su primera experiencia en este tipo de pistas. Pero la carrera fue otra historia. El alemán perdió varias posiciones en las primeras vueltas y se vio rebasado desde todos lados, en un escenario que describió como “caótico”.
“Fue una locura. Intenté estar totalmente abierto a todo y lo mejor preparado posible. Pensaba que estaba listo. Pero no estaba preparado para eso. Fue caótico, por todas partes venían coches por la izquierda y por la derecha”, relató Schumacher. El propio piloto entendió rápidamente que en un óvalo no basta con ser rápido a una vuelta. La colocación, la lectura del tráfico y la agresividad desde el inicio son elementos fundamentales para mantenerse competitivo.
Con el paso de las vueltas logró estabilizarse cerca del décimo puesto y encontró un ritmo más consistente. Aun así, reconoció que todavía hay muchos aspectos por mejorar antes de volver a enfrentarse a un óvalo corto. Uno de los personajes clave en la adaptación de Schumacher ha sido Ryan Briscoe, quien trabaja como su coach dentro de Rahal Letterman Lanigan Racing.
El australiano, ganador de ocho carreras en la IndyCar y poleman de la Indy500 en 2012, ha acompañado al alemán en el análisis de cada error y aprendizaje. Tras la carrera de Phoenix, Briscoe le hizo ver que, si pudiera repetir la prueba con la experiencia recién adquirida, cambiaría muchas decisiones. Schumacher estuvo completamente de acuerdo.
“Yo haría muchas cosas de otra manera. Y es bueno saberlo para la próxima vez que corramos en un óvalo corto”, admitió. Ahora, el mayor reto se acerca rápidamente: las legendarias 500 millas de Indianápolis. Después de Phoenix, Schumacher no tendrá más carreras en óvalos antes de afrontar el superspeedway más famoso del mundo, lo que aumenta todavía más la dificultad del desafío.
Antes de eso, todavía le espera la carrera en Long Beach y posteriormente el circuito rutero de Indianápolis, trazados que se adaptan mejor a su experiencia previa en monoplazas europeos. Pese a la presión por su apellido y por las expectativas que genera su llegada a IndyCar, Schumacher aseguró que siempre ha convivido con ello y que incluso suele rendir mejor cuando la exigencia aumenta.
“Habrá gente que ejerza mucha presión. La presión forma parte de mi vida. Y siempre tengo la sensación de que cuanto mayor era la presión, mejor me volvía. Nadie podrá presionarme más que yo mismo”, afirmó el piloto alemán.

