El sueco Marcus Ericsson arranca este fin de semana su octava temporada en la IndyCar y la tercera con Andretti, con el objetivo claro de recuperar protagonismo desde la primera fecha del calendario: el GP de St. Petersburg, circuito donde ya sabe lo que es ganar tras imponerse en 2023.
En una rueda previa al arranque de la temporada 2026 donde Pitlane Motor estuvo presente, Ericsson habló de su preparación durante el invierno, de los cambios internos en su equipo, de la presión de estar en año de contrato y del impulso anímico que representa correr en un trazado urbano que históricamente le ha favorecido.
Un invierno de mucho trabajo
El inicio de 2026 será más exigente de lo habitual: cuatro carreras en cinco fines de semana obligan a llegar afinados desde la primera bandera verde. Ericsson lo tiene claro: este año no habrá tiempo para “sentir” el campeonato. “Hay que estar listos desde St. Petersburg. No hay espacio para adaptarse poco a poco”, explicó el piloto, quien destacó el trabajo realizado en los test de pretemporada en Sebring y Phoenix.
El sueco aseguró que tanto él como el equipo llegan con buen impulso, tras semanas intensas de pruebas y ajustes técnicos. En un campeonato tan competitivo como IndyCar, donde unas centésimas pueden representar varias posiciones en parrilla, el margen de mejora está en los pequeños detalles.
“Si estás apenas un poco fuera de punto, puedes pasar de pelear el Top 5 a estar en el fondo del pelotón”, reconoció.
St. Petersburg, un escenario que le sienta bien
El trazado urbano de St. Petersburg es especial para Ericsson. Además de haber ganado allí en 2023, considera que los circuitos callejeros encajan con su estilo de manejo. “Me gustan las pistas donde no hay margen para el error, donde los muros están cerca y necesitas precisión absoluta”, explicó.
El sueco también destacó el ambiente que rodea la carrera: la ciudad se involucra de lleno y la energía en el paddock es distinta al resto del calendario. Incluso, año con año recibe apoyo de aficionados suecos que viajan para verlo competir. Desde el punto de vista técnico, identificó como zona clave el sector intermedio, particularmente la secuencia entre las curvas cuatro y nueve, donde el flujo y la estabilidad del auto resultan determinantes.
También mencionó la complejidad de la frenada en la recta principal, ubicada sobre la pista del aeropuerto, con menor nivel de agarre. Para él, un “buen inicio” no se mide únicamente en resultado final, sino en maximizar su rendimiento durante prácticas, clasificación y carrera.
Renovación interna
El equipo Andretti llega a 2026 con movimientos importantes. La incorporación del experimentado Will Power, proveniente del entorno de Penske, así como cambios en la estructura técnica, representan una nueva etapa para la escudería. Ericsson compartirá información con Power y reconoció que la experiencia del australiano, dos veces campeón de la serie, ya se siente en la dinámica interna.
“Ha sido impresionante ver cómo analiza las carreras y el desarrollo del coche”, comentó. En su propio monoplaza, el sueco trabajará este año con nuevo ingeniero, Ron Barhorst, con quien dice haber encontrado buena química desde las primeras pruebas. Según Ericsson, lograron avances para llevar el auto “más hacia la ventana” de comportamiento que él prefiere. La meta colectiva es clara: regresar de forma constante a la lucha por podios y victorias.
Un año de reivindicación personal
Ericsson no evade el tema: las últimas dos temporadas no cumplieron sus expectativas. Aunque en 2024 mostró destellos de competitividad, la campaña pasada fue especialmente frustrante. “Definitivamente siento que tengo un chip en el hombro”, admitió. Tras haber ganado la Indy500 en 2022 y consolidarse como contendiente frecuente, los altibajos recientes impactaron su confianza.
Recordó particularmente lo ocurrido en el mes de mayo del año pasado, cuando circunstancias fuera de su control afectaron un resultado clave, algo que según explicó, terminó influyendo emocionalmente en el resto del calendario. Durante el invierno trabajó intensamente en el aspecto mental, apoyado por su entrenador en Suecia, convencido de que la fortaleza psicológica es tan importante como la preparación física. “Quiero volver a pelear por victorias y por el campeonato. Sé que puedo hacerlo”, afirmó.
Compromiso con la comunidad
En la antesala del inicio del campeonato, Ericsson visitó el Peyton Manning Children’s Hospital en Indianápolis, donde convivió con niños que diseñaron gorras especiales que usará en fines de semana donde Delaware Life sea su patrocinador principal. La iniciativa, impulsada junto al grupo One Dozen One, busca involucrar a los pequeños como “Patient Ambassadors” y darles visibilidad a nivel nacional.
“Es algo que empieza en la comunidad local, pero luego viaja por todo el país conmigo”, explicó. Para Ericsson, quien lleva ocho años viviendo en Indianápolis, el vínculo con la ciudad es profundo. Estas actividades representan una forma de devolver algo a la comunidad que lo ha adoptado desde su llegada a Estados Unidos tras su etapa en Fórmula 1.
Contrato, presión y crecimiento personal
El 2026 también es un año contractual para el sueco, situación que asegura no le resulta nueva. Durante gran parte de su carrera compitió con acuerdos anuales, por lo que está acostumbrado a rendir bajo presión. “Es un deporte de resultados. Sé lo que tengo que hacer para asegurar mi futuro”, comentó.
Con ocho temporadas en IndyCar, Ericsson reflexiona sobre su evolución desde que dejó la Fórmula 1. Llegó con la intención de demostrar que podía ganar carreras y lo consiguió. Ahora busca consolidar esa narrativa con más triunfos y, eventualmente, otro título importante. El arranque en St. Petersburg será el primer paso.
En un campeonato donde la consistencia es clave y el margen mínimo, el sueco confía en que el trabajo del invierno y la renovada estructura de Andretti le permitan volver al frente. “Si salgo del domingo sabiendo que maximicé mi rendimiento, sé que el resultado estará ahí”, concluyó.

