La llegada de la era Gen4 plantea uno de los mayores desafíos recientes para la Formula E: definir un calendario estable que incluya Japón entre sus citas. Es considerado como un destino imprescindible dentro del campeonato eléctrico y no está siendo fácil que se pongan de acuerdo en donde y como se disputaría esta prueba.
Desde hace años, Japón ha sido visto como un objetivo prioritario para la categoría. Ese deseo se materializó con la primera carrera en Tokio, consolidando su importancia hasta el punto de convertirse en una cita casi protegida tanto para equipos como para socios comerciales. Fabricantes clave como Nissan y Yamaha, junto a grandes corporaciones con raíces en el país, presionan para mantener una prueba en suelo japonés.
Costó mucho conseguir formar parte del campeonato y ahora no quieren perder lo logrado. El peso industrial es determinante. Empresas como Bridgestone, proveedor de neumáticos en Gen4, y TDK, socio destacado de Porsche, tendrán un papel fundamental en la nueva etapa. Esto incrementa la necesidad estratégica de conservar Japón en el calendario. Sin embargo, la continuidad no está garantizada.
El actual trazado urbano en el entorno del Tokyo Big Sight genera dudas. Por un lado, su idoneidad para los futuros monoplazas está en cuestión. Por otro, el modelo económico del evento es problemático: se estima que el coste ronda entre 20 y 22 millones de euros, de los cuales solo una pequeña parte se recupera, obligando a la Fórmula E a asumir pérdidas significativas.
Para asegurar la presencia en 2027, será necesario un nuevo acuerdo con el Gobierno de Tokio. Mientras tanto, la incertidumbre crece en el paddock. El director del equipo Nissan, Tommaso Volpe, ha advertido que «perder Japón sería perjudicial tanto para la marca como para el campeonato», subrayando la relevancia del país para la industria del motor.
Ante este escenario, se barajan tres alternativas. La primera, y prioritaria, es continuar en Tokio. La organización trabaja en posibles modificaciones del circuito para adaptarlo a Gen4, ampliando ciertas zonas sin alterar necesariamente su diseño base. Además, la Fórmula E mantiene una buena relación con las autoridades locales, alineándose con iniciativas como la estrategia de emisiones cero impulsada por la gobernadora Yuriko Koike.
La segunda opción sería trasladar la carrera al circuito de Sportsland Sugo, en la prefectura de Miyagi. Propiedad de Yamaha, este trazado histórico ofrece un perfil más tradicional, aunque su ubicación rural supondría un cambio radical respecto a los habituales circuitos urbanos del campeonato.
Por último, surge la alternativa del Fuji Speedway, uno de los escenarios más emblemáticos del automovilismo japonés. Su larga recta principal permitiría explotar al máximo el rendimiento de los Gen4, aunque requeriría adaptaciones como la incorporación de una chicane para adecuarse al formato de la categoría.
La decisión final marcará el futuro de la Fórmula E en uno de sus mercados clave. Mantener Japón en el calendario no solo responde a razones deportivas, sino también estratégicas, industriales y económicas en una nueva era que definirá el rumbo del campeonato.

