La revolución técnica que vive la Fórmula 1 en 2026 sigue generando críticas dentro y fuera del paddock. Aunque las nuevas reglas convencieron a grandes fabricantes como Audi, Cadillac y Ford de ingresar a la categoría, el CEO de la Fórmula E, Jeff Dodds, considera que la máxima categoría terminó siguiendo la misma dirección que las automotrices de calle.
A partir de este año, los monoplazas de F1 son más pequeños, ligeros y estrechos, pero la gran novedad está en las unidades de potencia, ya que ahora el 50% de la energía proviene del sistema eléctrico y el otro 50% del motor de combustión interna. Esta transición hacia la electrificación parcial fue diseñada para seducir a las grandes marcas, interesadas en desarrollar tecnologías aplicables a sus futuros vehículos eléctricos e híbridos.
En declaraciones a la web motorsport.com, Dodds considera que la F1 tomó esta decisión porque necesitaba mantener el interés de los fabricantes en medio de una industria automotriz cada vez más orientada hacia la movilidad eléctrica. “El reglamento se diseñó para ir en la dirección que están siguiendo las marcas, porque quieren a estos grandes fabricantes en el campeonato y todos están avanzando hacia los vehículos eléctricos”, afirmó el directivo de Fórmula E.
La llegada de nuevos fabricantes refuerza esa idea. Sin embargo, Dodds cree que la Fórmula 1 enfrenta un problema importante: la obligación de mantener el motor de combustión interna junto con el sistema eléctrico. Según el CEO de Fórmula E, esto provoca que los coches deban cargar con dos sistemas de propulsión al mismo tiempo, lo que incrementa el peso y limita el rendimiento.
“La F1 puede aumentar la potencia eléctrica. Pero, en términos de física pura, cuanto más la aumentan, más lento se vuelve el coche porque no pueden prescindir del motor de combustión interna. Así que cargan con el peso y la complejidad de dos fuentes de energía”, explicó Dodds.
Este problema se hizo evidente desde la pretemporada y ha sido uno de los puntos más criticados por varios pilotos. Debido a que la mitad de la potencia depende de la batería, los monoplazas pueden quedarse sin carga eléctrica durante una vuelta, perdiendo aceleración en plena recta mientras recuperan energía.
Esa situación ha provocado preocupación dentro del paddock, especialmente porque algunos pilotos consideran peligrosa la diferencia de velocidad que puede producirse entre un coche que todavía tiene energía disponible y otro que ya agotó su carga eléctrica. Además, el regreso de los motores V8 fue una alternativa que se discutió dentro de la FIA, pero no encontró respaldo entre los fabricantes, que prefieren un reglamento más alineado con el desarrollo de tecnologías eléctricas e híbridas para la industria automotriz.
Para Dodds, la imposibilidad de eliminar completamente el motor de combustión marca una gran diferencia entre la Fórmula 1 y la Fórmula E. La categoría eléctrica mantiene un acuerdo de exclusividad con la FIA que le garantiza ser el único campeonato de monoplazas totalmente eléctricos al menos hasta 2048.
Esa exclusividad impide que la F1 pueda convertirse en una serie completamente eléctrica, aunque aumente cada vez más la participación de la batería dentro de sus unidades de potencia. La FIA y la Fórmula E renovaron recientemente su acuerdo por diez años más, con opción de extenderlo todavía más adelante.
Esto asegura que el campeonato seguirá siendo la principal referencia del automovilismo eléctrico mientras la F1 continúa buscando un equilibrio entre sostenibilidad, rendimiento y espectáculo. Dodds, de hecho, no ve la electrificación de la F1 como una amenaza para la Fórmula E, sino como una validación de la tecnología que su campeonato impulsa desde hace más de una década.
“Cuando la categoría de automovilismo más importante del mundo incorpora una gran parte eléctrica en su reglamento, eso le da credibilidad a la electrificación”, sostuvo.

