El brutal impacto del piloto de Haas contra las barreras en Suzuka, provocado por una peligrosa diferencia de velocidad al acercarse a Franco Colapinto, obliga a la FIA a convocar reuniones de urgencia en abril para modificar la controvertida normativa técnica. Lo que el paddock entero llevaba susurrando y advirtiendo desde los test de pretemporada se hizo realidad este domingo en el Gran Premio de Japón.
Oliver Bearman paralizó los corazones de los aficionados al sufrir un fortísimo impacto de 50G contra las barreras en la rapidísima curva Spoon de Suzuka. Aunque el piloto británico pudo abandonar su monoplaza por su propio pie (visiblemente dolorido y cojeando, pero sin fracturas), el accidente ha desatado una crisis de seguridad que ha obligado a la FIA a tomar medidas inmediatas.
El detonante del choque no fue un error de pilotaje clásico, sino una consecuencia directa del nuevo y polémico reglamento de 2026. Durante la vuelta 22, Bearman se disponía a adelantar al coche de Franco Colapinto. Sin embargo, la gestión de la energía de los nuevos motores creó una trampa mortal.
Mientras Colapinto mantenía su ritmo constante, Bearman utilizó el modo de despliegue máximo de energía, lo que generó una brutal diferencia de velocidad de aproximación de más de 50 km/h entre ambos monoplazas. Al encontrarse de golpe con el argentino, el de Haas tuvo que realizar una violenta maniobra evasiva hacia la hierba, perdiendo el control y estrellándose contra el muro.
Ante el revuelo inicial, Ayao Komatsu, jefe de equipo de Haas, fue tajante a la hora de limpiar el nombre de Franco Colapinto de cualquier culpa: «Colapinto no hizo nada diferente, no se movió. Su velocidad era exactamente la misma. Es solo que nosotros estábamos desplegando más energía ahí y la diferencia de velocidad se disparó. Ollie tuvo que tomar acción evasiva».
Las reacciones del resto de la parrilla no se han hecho esperar. Carlos Sainz, quien ya había expresado sus dudas semanas atrás, fue la voz cantante del enfado generalizado entre los pilotos: «Llevamos avisando a la FIA y a la FOM de que era cuestión de tiempo que un accidente así pasase«.
«Tuvimos suerte de que fuera en Suzuka, con escapatorias, pero imaginemos este mismo golpe en los muros de Bakú o Las Vegas. Debemos encontrar una solución a este problema como sea». Ante la innegable evidencia del peligro que supone esta delta de velocidad extrema por la recarga y descarga de las baterías, la FIA no ha tenido más remedio que mover ficha.
A través de sus canales oficiales y redes sociales, el máximo organismo ha emitido un comunicado confirmando que el reglamento técnico sufrirá alteraciones. La FIA ha aclarado que la normativa de 2026 cuenta «por diseño, con una serie de parámetros ajustables, especialmente en lo relativo a la gestión energética».
Aprovechando esta flexibilidad, el organismo ha convocado reuniones de urgencia durante el mes de abril con los equipos, los fabricantes de unidades de potencia y la FOM, con un único objetivo sobre la mesa: refinar las reglas de despliegue de energía y frenar el peligro antes de que la Fórmula 1 tenga que lamentar daños mayores.
La revolución de 2026 ha demostrado tener serias fisuras de seguridad, y la cuenta atrás para arreglarlas acaba de comenzar.
