La Fórmula 1 ya perfila la próxima generación de sus unidades de potencia, con un motor V8 de 3.0 litros turboalimentado, un sistema eléctrico simplificado de 100 kW y una reducción de al menos 50 kilogramos en el peso del conjunto. La FIA y los fabricantes han alcanzado un acuerdo sustancial sobre los principales elementos del proyecto, aunque todavía deben definirse algunos detalles y la fecha de entrada en vigor.
El concepto que comienza a tomar forma supone un cambio importante respecto a la actual generación de unidades de potencia. El plan contempla recuperar una arquitectura V8 de 3.0 litros, aunque no se tratará de un regreso idéntico a los motores atmosféricos que compitieron en la Fórmula 1 durante las décadas anteriores.
Uno de los principales puntos de discusión entre los fabricantes fue precisamente la utilización de un turbocompresor. La alternativa atmosférica estuvo sobre la mesa debido a su atractivo sonoro, pero finalmente la propuesta con turbo tomó ventaja. La decisión también está relacionada con las características del actual calendario.
Circuitos como Melbourne, Miami, Madrid, Singapur, Bakú y Las Vegas se encuentran en entornos donde existen restricciones sobre el ruido. Un V8 atmosférico de 3.0 litros podría generar niveles sonoros considerablemente superiores a los actuales, complicando la celebración de algunos Grandes Premios.
Por ello, la propuesta contempla un turbocompresor de dimensiones reducidas, con el objetivo de conseguir un sonido más contundente que el de las unidades de potencia actuales, pero sin alcanzar niveles incompatibles con las restricciones de determinadas sedes. El cambio representaría además el regreso de un motor de ocho cilindros a la Fórmula 1 por primera vez desde 2013.
Sin embargo, el nuevo V8 tendría una configuración distinta a los 2.4 litros atmosféricos utilizados durante la última etapa de esa era. La futura unidad de potencia tampoco significará el abandono de la tecnología híbrida. El proyecto contempla un motor eléctrico de 100 kW, una cifra muy inferior a los 350 kW de potencia eléctrica asociados con la actual generación de unidades de potencia.
La intención es mantener una conexión entre la Fórmula 1 y el desarrollo tecnológico de la industria automotriz, pero mediante un sistema eléctrico menos complejo y con un papel reducido dentro del conjunto. La reducción de peso es otro de los objetivos centrales. La propuesta establece que la unidad de potencia completa deberá ser al menos 50 kilogramos más ligera que las actuales.
La FIA y los fabricantes buscan con ello contribuir también a una nueva generación de monoplazas más ligeros y con un enfoque diferente al de los actuales autos. El proyecto, por tanto, no pretende regresar de manera completa a la Fórmula 1 del pasado. La categoría mantendría la electrificación y los combustibles sostenibles, pero otorgaría nuevamente mayor protagonismo al motor de combustión.
Otro de los elementos que todavía debe definirse es el sistema que permitirá a los pilotos disponer de potencia adicional durante las maniobras de adelantamiento. La intención no sería recuperar el DRS, que dejó de formar parte del reglamento al finalizar la temporada 2025.
En su lugar, la FIA y los fabricantes estudian una solución inspirada en el push to pass de IndyCar, mediante la cual el piloto tendría acceso temporal a una cantidad adicional de potencia bajo determinadas condiciones. Todavía no existe una definición definitiva sobre cuánto tiempo podría utilizarse, en qué circunstancias estaría disponible o qué cantidad de potencia adicional proporcionaría.
Tampoco está completamente cerrada la fecha de estreno. El nuevo reglamento podría entrar en vigor en 2030, un año antes de lo que contemplaría el ciclo inicialmente previsto, aunque las conversaciones entre la FIA y los fabricantes continúan. La propia FIA ha confirmado que 2030 es, por ahora, la fecha más temprana contemplada para la llegada del nuevo V8.
El director ejecutivo de Audi, Gernot Döllner, señaló que todavía no existe una definición completa sobre el concepto, aunque confirmó que el V8 está contemplado y que 2030 sería el primer escenario posible. De concretarse, la Fórmula 1 entraría en una nueva etapa técnica con una combinación poco habitual.
Un V8 de 3.0 litros turbo, electrificación reducida, una unidad de potencia considerablemente más ligera y un posible sistema de potencia adicional para facilitar los adelantamientos. Por ahora, esos son los principales elementos sobre los que existe consenso, mientras la FIA y los fabricantes continúan trabajando en el reglamento definitivo.

