El Gran Premio de Long Beach 2026 dejó una de las actuaciones más sólidas en la carrera de Félix Rosenqvist, quien lideró gran parte de la competencia, pero terminó en segundo lugar tras perder la posición en la última ronda de paradas en pits. A pesar de la frustración por no concretar el triunfo, el piloto sueco destacó el rendimiento de su equipo y consideró el resultado como un impulso clave para relanzar su temporada en la IndyCar.
Rosenqvist, quien partió desde la pole position, firmó una carrera prácticamente impecable en ritmo y estrategia, consolidando el mejor fin de semana del año para Meyer Shank Racing, equipo que también venía de ganar en IMSA en el mismo circuito. En una rueda de prensa con Pitlane Motor presente, e piloto sueco no ocultó su mezcla de emociones tras bajarse del monoplaza.
Si bien reconoció la decepción de no ganar, también puso en perspectiva el desempeño global del equipo durante el fin de semana. “Es una mezcla de sensaciones. Estuvimos muy cerca del grand slam”, explicó Rosenqvist, al recordar que la escudería consiguió pole position en IndyCar, victoria y pole en IMSA, además del segundo lugar en la carrera principal.
El europeo destacó que el equipo logró ejecutar gran parte del plan de carrera de forma correcta, especialmente en lo que respecta al ritmo mostrado durante los stints con neumáticos medios, donde aseguró haber tenido un desempeño “increíble”. La clave del resultado, sin embargo, estuvo en los detalles.
La última parada en pits marcó la diferencia frente al eventual ganador, Álex Palou, quien logró salir por delante tras una ejecución más limpia en boxes. Según el propio Rosenqvist, no se trató de un error grave, sino de pequeñas variables como el tráfico en el carril de pits. “Son esos detalles los que definen carreras”, admitió.
El resultado final confirma el salto competitivo del equipo, que venía de un inicio complicado en la temporada 2026, sin resultados destacados en las primeras rondas. Uno de los puntos clave de la carrera fue la aparición de la bandera amarilla, que alteró el desarrollo estratégico y eliminó la ventaja que Rosenqvist había construido en pista.
Antes de la neutralización, el sueco mantenía una diferencia superior a los dos segundos respecto a sus perseguidores, lo que le permitía controlar el ritmo de la carrera y gestionar el consumo de combustible. “Tenía un colchón de unos 2,3 segundos y me sentía cómodo”, explicó. Sin embargo, la neutralización compactó el pelotón y llevó a todos los pilotos a una parada simultánea en pits, escenario en el que se definió la carrera.
El tráfico y la precisión milimétrica del equipo rival terminaron por inclinar la balanza. El propio Rosenqvist reconoció que, una vez perdido el liderato en la salida de pits, las opciones de recuperar la posición eran prácticamente nulas. “No hay nada que puedas hacer en ese momento”, señaló, describiendo la impotencia de ver cómo la victoria se escapaba mientras circulaba limitado por la velocidad del pit lane.
Aun así, el propio Félix valoró positivamente la reacción del equipo ante un escenario adverso, destacando que lograron mantenerse en la pelea y asegurar el segundo puesto en una carrera altamente estratégica. El resultado final lo colocó como segundo clasificado, detrás de Palou y por delante de Scott Dixon, quien completó el podio.
Más allá del resultado puntual, Rosenqvist subrayó el impacto emocional y competitivo de este desempeño, especialmente tras un arranque de temporada complicado. El sueco explicó que el equipo decidió cambiar el enfoque antes del fin de semana en Long Beach, apostando por una configuración más alineada con sus sensaciones al volante, lo que terminó siendo determinante para encontrar rendimiento desde las primeras sesiones.
“Necesitábamos reiniciar y recuperar la confianza”, afirmó. Esa confianza se reflejó no solo en la clasificación, donde logró la pole, sino también en la consistencia durante la carrera, donde pudo liderar 51 vueltas, la mayor cantidad del evento. Además, destacó el progreso del equipo en las paradas en pits, un aspecto en el que habían trabajado intensamente durante el invierno y que fue clave para competir al frente.
Rosenqvist también hizo énfasis en la dificultad de replicar este nivel en otras pistas, debido a las características únicas de cada circuito en la IndyCar. Sin embargo, aseguró que el aprendizaje obtenido será fundamental para el resto del calendario. “Lo importante es recordar las sensaciones y lo que hicimos bien”, explicó.
En cuanto al cierre de la carrera, reconoció que, tras perder la posición, intentó mantenerse enfocado en encontrar una oportunidad en pista, aunque finalmente el ritmo del líder en el último stint fue superior. El duelo con Scott Dixon también fue un factor de presión en los momentos finales, especialmente tras la reanudación, donde tuvo que defender su posición mientras gestionaba la estrategia.
A pesar de todo, el balance final es positivo. Rosenqvist dejó claro que, en el contexto de su inicio de temporada, el podio representa un paso adelante significativo. Con la mirada puesta en las próximas carreras, especialmente en el mes de mayo y las 500 Millas de Indianápolis, el sueco considera que este resultado puede marcar un punto de inflexión.
Long Beach no solo evidenció su capacidad para liderar y competir al más alto nivel, sino también la evolución de Meyer Shank Racing como equipo capaz de pelear victorias. En una categoría tan competitiva como la IndyCar, donde los detalles definen el resultado, Rosenqvist se quedó a las puertas del triunfo, pero envió un mensaje claro: está listo para volver a intentarlo.

