La primera visita de la Fórmula E al circuito de Yeda fue mucho más que un estreno: se convirtió en un espectáculo que mostró la esencia de la categoría eléctrica. Bajo las luces del Mar Rojo, el trazado urbano más rápido del calendario puso a prueba a pilotos y equipos en dos carreras consecutivas que dejaron huella.
La primera noche: tensión hasta el último giro
El debut en Yeda fue un thriller. Maximilian Günther se llevó la victoria en un final dramático, demostrando temple y precisión en un circuito que exige cada décima. La carrera estuvo marcada por la gestión de energía y el uso del PitBoost junto al Modo Ataque, con varios pilotos arriesgando demasiado y pagando el precio.
En esta primera cita en el circuito saudí, Oliver Rowland tuvo problemas con la regeneración y Taylor Barnard se destacó realizando sobrepasos sin usar potencia extra. Los Mahindra, con Edoardo Mortara y Nyck De Vries, hicieron una gran carrera y marcaron definitivamente la recuperación del equipo luego de varias temporadas olvidables.
La segunda carrera: Rowland y el golpe de Nissan
Si la primera jornada fue de tensión, la segunda fue de reivindicación. Oliver Rowland llevó al Nissan a lo más alto con una actuación impecable, dominando la estrategia y aprovechando cada oportunidad. Sin el PitBoost vimos una carrera más al estilo pelotón (donde nadie quiere estar primero y los cambios son constantes por lo que hace difícil llevar estadísticas) en donde no hubo elementos disruptivos.
La victoria de Rowland fue un mensaje claro: Nissan podía competir de igual a igual con Porsche y Jaguar en los circuitos más exigentes. La carrera mostró un patrón distinto: menos caos, más control, pero con la misma intensidad en cada vuelta. El doblete dejó claro que Yeda es un escenario donde las diferencias se miden en decisiones estratégicas y donde la presión de dos carreras consecutivas multiplica los riesgos.
La combinación de largas rectas y curvas rápidas convirtió cada adelantamiento en un desafío, y las sanciones post-carrera por uso incorrecto del modo ataque recordaron que la Fórmula E es tanto un juego de velocidad como de precisión táctica. Una montaña rusa donde se alternan la experiencia y el azar. Para cerrar, las dos noches de Yeda 2025 marcaron un antes y un después para la categoría mostrando que el cambio de sede (dejando Ad Diriyah) fue un gran acierto.
Günther y Rowland se repartieron las victorias, pero lo más importante fue la confirmación de que el circuito saudí es un examen completo: velocidad, estrategia, gestión de energía y resistencia mental. El espectáculo nocturno se consolidó como uno de los más atractivos del calendario, y reafirmó que en Fórmula E nada está definido hasta la bandera a cuadros.
