Tras el primer Gran Premio de 2026, y el primero implementando el nuevo reglamento de la FIA, empiezan a caer las primeras sensaciones y quejas sobre este nuevo «formato» de Fórmula 1. El revuelo ha marcado el fin de semana en Australia, donde se ha empezado a oír ya que se podrían implementar cambios para el GP de Japón.
Si bien el nuevo chasis ha generado un sentimiento positivo, no se puede decir lo mismo de las nuevas unidades de potencia, y todo lo que tiene que ver con ellas. Las quejas de los aficionados han sido claras: esta nueva normativa hace de la Fórmula 1 un deporte demasiado artificial.
No solo es una sensación a través de la pantalla, y es que ya van varios pilotos han hablado ya sobre la gestión de la batería como un factor demasiado dominante en el rendimiento, haciendo que se conduzca de manera casi antinatural. Lando Norris habló durante el fin de semana de Australia sobre como había pasado de conducir de conducir los mejores coches a tener posiblemente el peor de todos.
Además, advirtió sobre importantes riesgos de seguridad debido a las altas velocidades de cierre entre coches que tienen mucha energía y aquellos que no. La FIA y responsables de la F1 parecen aceptar que los coches no estén en el rendimiento adecuado tras implementar esta nueva normativa, pero también dicen que implementar cambios tan tempranos no tendría sentido.
Tras la polémica, se ha descubierto que tras las pruebas de Barcelona y Barein, la FIA acordó un calendario para resolver aquellos problemas que necesitaran intervención urgente. Realizar los cambios sin pruebas sólidas, como lo serían un fin de semana de Gran Premio, no era lógico, más aún teniendo en cuenta de Australia se presentaba como uno de los peores circuitos en cuanto a gestión energética.
Por eso, se ha decidido esperar hasta después del Gran Premio de China de este fin de semana para evaluar los aprendizajes de las dos primeras carreras y decidir qué acción, si es que hay alguna, deben tomarse. Cualquier cosa que necesite una implementación urgente podrá hacerse para el GP de Japón del 29 de marzo, con más ajustes en las siguientes carreras.
El organismo rector de la Fórmula 1, junto con los equipos, ha abierto el debate sobre un posible reajuste en los parámetros de gestión energética de los monoplazas. El núcleo de la discusión reside en determinar si es necesario modificar los actuales niveles de recuperación y despliegue de potencia para optimizar el rendimiento en pista.
Entre las opciones que se barajan destaca el aumento de la potencia del «superclipping», una medida que facilitaría a los pilotos la recarga de las baterías durante el giro. Como contrapartida, también se contempla reducir la potencia máxima de despliegue. Una decisión que, aunque limitaría la velocidad punta, permitiría a los pilotos gestionar la presión y mantener el rendimiento durante más tiempo.
Asimismo, se evalúa la posibilidad de incrementar la potencia del motor de combustión interna. Nikolas Tombazis, director de monoplazas de la FIA, confirmó que existen varias alternativas sobre la mesa. «Tras la ronda inaugural, la decisión unánime de los equipos fue la de mantener la configuración actual para las primeras citas del calendario y recopilar más datos antes de actuar».
«Nuestra intención es revisar la situación de la gestión energética después de China», declaró Tombazis. «Tenemos algunos ases bajo la manga que no queríamos mostrar como una reacción instintiva antes de la primera carrera. Los revisaremos con los equipos tras la cita en Shanghái«.
Por otro lado, James Vowles, jefe de equipo de Williams, abogó por la cautela y por tomar decisiones basadas en la experiencia real en lugar de apresurar ajustes contraproducentes. «Creo que lo peor que podríamos hacer es modificarlo y terminar empeorando la situación», sentenció el inglés.
En una línea similar, Toto Wolff reconoció la necesidad potencial de cambios, a pesar de que su equipo partió con una victoria dominante en Australia que podría inclinarles al statu quo. El austriaco subrayó que cualquier modificación debe tener como brújula el interés de los aficionados y no el descontento puntual de los competidores.
Wolff también relativizó las comparaciones con la generación anterior de monoplazas, sugiriendo que los pilotos tienden a idealizar el pasado. «No escuché a ninguno de los pilotos hablar maravillas de los coches antiguos y decir que eran los mejores«, ironizó. «Necesitamos un gran espectáculo. Si hay que hacer ajustes, en la Fórmula 1 tenemos la flexibilidad necesaria para tomar esas decisiones».
Más allá del espectáculo, la seguridad emerge como un argumento de peso para acelerar los cambios. Las salidas de carrera han encendido las alarmas tras el incidente protagonizado por Franco Colapinto, que logró esquivar por centímetros a los Racing Bulls de Liam Lawson, que rodaban a baja velocidad tras la meta.
Lando Norris, piloto de McLaren, alertó sobre el grave riesgo que suponen las diferencias de velocidad entre coches con distintos niveles de energía. «Puedes tener diferencias de 30, 40 o 50 km/h», advirtió el británico. «Si alguien golpea a otro a esa velocidad, sales volando, saltas la valla y te haces mucho daño a ti mismo y a otros. Es algo horrible de imaginar».
