Carlos Sainz se presenta en Spa-Francorchamps con la sensación de que el parón de verano llega en el momento justo. Williams atraviesa su tramo más delicado de la temporada y Bélgica aparece como una oportunidad para comprobar si los problemas vistos en Silverstone fueron un accidente aislado o el síntoma de algo mucho más profundo.
El nuevo alerón delantero, que debía ayudar al FW48 a dar un paso adelante, no solo no funcionó como esperaba el equipo, sino que además abrió muchas dudas sobre la correlación entre los datos de la fábrica y lo que realmente sucede cuando el coche pisa el asfalto.
Silverstone fue, de hecho, uno de los fines de semana más frustrantes del año para Grove. Sainz cruzó la meta en una discreta decimoséptima posición, muy lejos de la lucha por los puntos. Alexander Albon tampoco pudo salvar los muebles tras abandonar la carrera. Williams se marchó de casa con las manos vacías y con más preguntas que respuestas.
La clasificación del Mundial es un reflejo perfecto del momento actual. Carlos Sainz ocupa la decimoquinta posición con apenas seis puntos después de diez Grandes Premios. Sus mejores resultados siguen siendo dos octavas posiciones, insuficientes para acercarse a una zona media que cada fin de semana parece más competitiva. Spa, además, nunca perdona los errores y obliga a tener un coche equilibrado en curvas rápidas, frenadas fuertes y largas rectas.
Tampoco respira Williams en el campeonato de constructores. La escudería británica llega a Bélgica octava con solo 11 puntos, por detrás de Haas, Racing Bulls y Alpine, y con Audi empezando a asomar tras romper su sequía de puntos en Silverstone gracias a Gabriel Bortoleto. La ventaja sobre los alemanes ya es mínima y, si Grove no encuentra soluciones a corto plazo, el equipo corre el riesgo de seguir perdiendo terreno antes incluso del descanso veraniego.

