«Los milagros a Lourdes». Esto es solo una pequeña explicación para un fin de semana que llevaba dos días sin tener sentido. Carlos Sainz sale de la clasificación de Spa con un 15º puesto que vuelve a saber a poco, pero también con una respuesta que Williams llevaba buscando desde el viernes.
El equipo encuentra, apenas unos minutos antes de la Q1, el problema que le hace perder entre tres y cinco décimas por vuelta. La conclusión, sin embargo, tampoco es para lanzar cohetes. El español vuelve a hacer lo que lleva repitiendo durante buena parte de la temporada: supera la Q1, entra en Q2 y pelea por las últimas posiciones de la zona media.
En Grove ya no se habla de Q3 ni de puntos con normalidad. El objetivo se ha reducido. Sobrevivir al primer corte ya empieza a considerarse un buen sábado. Hasta ese momento, el panorama es desolador. Alexander Albon rueda donde habitualmente se mueve Williams, Carlos Sainz aparece anclado entre la 17ª y la 18ª posición, incluso mezclado con los Cadillac.
Ni él ni el equipo entienden qué ocurre. «Ha sido un fin de semana muy duro«, reconoce el madrileño. La solución llega a la desesperada. Antes de la clasificación, el equipo británico decide cambiar reglajes, modificar la puesta a punto y probar prácticamente todo lo que tiene a su alcance. Funciona.
«El coche despertó», resume Sainz. Y ese techo queda resumido en una frase que explica mejor que cualquier clasificación el momento que atraviesa Grove. «Haces una buena vuelta, pasas la Q1, llegas a la Q2 y, con otra buena vuelta, igual ganas a Bearman por dos milésimas. Y ese, por desgracia, es tu buen día«.
Más claro, imposible. Aun así, el alivio no es completo. Williams descubre el fallo, pero todavía desconoce su origen. Esa incertidumbre preocupa casi tanto como el propio problema. «Estoy contento de que lo hayamos encontrado. No tan contento de que no podamos explicarlo todavía», admite el español.
Pensando ya en el domingo, el 55 tampoco espera una carrera sencilla. Spa vuelve a castigar especialmente la gestión energética de los monoplazas de 2026 y la subida hacia Eau Rouge y Kemmel puede ser uno de los momentos más delicados de toda la prueba. Tocará minimizar daño. Antes de abandonar el circuito, el madrileño también deja cerrada otra historia.
Andrea Kimi Antonelli se acerca personalmente para disculparse por el incidente del viernes. El italiano reconoce su error tras revisar las imágenes y Sainz no tarda en pasar página. «Cuando alguien viene a darte la cara y pedirte perdón, demuestra que es un gran tipo«. concluye.
