La temporada 2026 apenas ha empezado y ya hay un tema que preocupa más en los despachos que en la pista: el margen real que tienen los fabricantes de motores para mejorar. Con el reglamento prácticamente congelado, cualquier cambio importante pasa sí o sí, de manera obligatoria, por la FIA.
La clave está en el sistema ADUO, un mecanismo que permite introducir evoluciones de rendimiento en casos concretos. En condiciones normales no se puede: cada fabricante solo puede homologar una unidad de potencia para 2026 y 2027, y las mejoras están limitadas a cuestiones de fiabilidad.
Todo lo que vaya más allá necesita el visto bueno de la FIA. Ese permiso depende de un análisis que se hará tras el GP de Miami. La FIA medirá la potencia de los motores de combustión y, en función de las diferencias, decidirá. Si un fabricante está a más de un 2% del mejor, podrá introducir una evolución; si supera el 4%, tendrá todavía más margen. Los que estén arriba, en cambio, no podrán tocar nada.
En ese escenario, Honda aparece como el caso más claro. Su motor está un paso por detrás y eso podría abrir la puerta a ayudas reglamentarias. Para Aston Martin, esto es prácticamente una solución a todo o nada. Y es que se trata de una de las pocas vías que tienen para intentar cambiar la dinámica de la temporada.
No todos lo ven igual dentro del paddock. Toto Wolff fue bastante claro al respecto. El dirigente austríaco considera que solo Honda está en una situación que justificaría este tipo de concesiones, y que extenderlas a otros fabricantes podría alterar el orden competitivo de la parrilla actual.
En paralelo, Ferrari también está pendiente de esa decisión. Frédéric Vasseur dejó caer que estaban esperando posibles ajustes para evolucionar su motor, algo que ha generado cierto debate, sobre todo, porque no está tan claro que su desventaja sea comparable a la de Honda y Aston Martin.
En Suzuka, los motores Mercedes marcaron la referencia, mientras que Ferrari quedó algo más lejos de lo esperado y sus equipos cliente tampoco destacaron especialmente. Eso ha alimentado la sensación de que hay diferencias, pero no necesariamente iguales para todos. El caso más evidente sigue siendo el de Honda.
En clasificación, por ejemplo, la distancia respecto a la cabeza ha sido considerable, como se vio con Fernando Alonso en Japón. Parte de esa diferencia puede venir del coche en general, pero el motor también está en el foco. Ahora todo depende de lo que dictamine la FIA después de Miami. Con un reglamento tan cerrado, cualquier concesión puede tener un impacto enorme.

