OPINIÓN | ¿Qué tiene la F1 que tanto nos engancha?

La velocidad es algo que obsesiona al ser humano desde que se inventó la rueda o puede que incluso antes. Llegar del punto A al B en el menor tiempo posible, pasó de ser una cuestión de supervivencia o comercio, a ser el destino de millones de euros de inversión para hacer coches cada vez más rápidos sobre un circuito. Y por encima de todos los demás, los F1 brillan de una manera única, especial. Sobre un altar de superioridad tallado por años de no necesitar mirar por encima del hombro a sus competidores, sencillamente, porque no los hay.

Rally, GT, Fórmula E, IndyCar, Nascar, DTM, karts, Rallycross, y un sinfín de categorías más que cada fin de semana pelean por recoger las migajas de audiencia que deja la F1. ¿Y por qué sucede esto? ¿Por qué campeonatos que podrían resultar mucho más atractivos al espectador con contactos, adelantamientos e igualdad, quedan relegados a un segundo plano cuando hablamos de F1? La respuesta, a priori, se antoja complicada, pero en realidad es muy sencilla, y viene grabada a fuego en nuestro ADN.

Somos adictos a lo inalcanzable, capitalistas de emociones, y las carreras de coches son la mejor muestra de ello. Podemos quedarnos pegados al televisor durante dos horas en Mónaco sin ver un solo adelantamiento, y sin embargo, da pereza ver el campeonato sueco de Rallycross en el que se dan hasta en el carnet para ganar. Y eso lo hacemos porque sabemos que en Mónaco, están los mejores, los que son capaces de llegar más al límite. Los que despiertan esas emociones tan profundas de admiración, envidia, y sueños de infancia.

Y por eso la F1 engancha tanto, porque han conseguido transmitirnos que no hay nada por delante de ella. Una cuidada y perfecta estrategia de marketing, una historia repleta de epicidad, heroísmo, grandes nombres, y conseguido. Todo el mundo sabe que no hay nada más rápido que un F1. ¿En recta? si, pero ¿a quién le importa si puedes ir a 500 Km/h si no puedes frenar para tomar una curva cerrada? Y es que, conseguir la excelencia, se ha convertido en la seña de identidad de este deporte. Nos han convencido de que no hay nada más lujoso, caro, exclusivo y avanzado que un F1, y claro, nos enganchamos como moscas a la miel.

Todas las películas tienen su audiencia, pero habiendo un taquillazo, caso todos vamos al cine directos a ver "Los Vengadores". Y eso es lo que nos pasa con la F1. Que tenemos tan claro que es lo mejor de lo mejor, que pagamos subscripciones, compartimos cuentas, lo que sea con tal de verla. Algo impensable hace unos años, cuando ver la F1 gratis era cuestión de estado. Y aún así, pagando, engordando más al monstruo, seguimos fieles a lo largo de los años. Siendo conscientes de que podremos mirar atrás y decir que vivimos los grandes cambios de este bendito deporte.

Así que la respuesta a por qué nos engancha tanto la F1, en mi humilde opinión, es que nos hace fácil llegar a un mundo tan lejano, que ni somos capaces de imaginar. Yo no sé como vive un multimillonario, pero si sé que vea el gran premio que vea, allí habrá unos cuantos. Y eso, hace que sin querer, asociemos la F1 con la exclusividad más absoluta. Con el límite de la tecnología, la excelencia y el trabajo más duro. Por eso nos gusta tanto, y cada vez tiene mejores datos de audiencia, porque sabemos que pase lo que pase, seguirán siendo los más rápidos, caros y exclusivos.

Los más deseados e inalcanzables. Bernie Ecclestone, ya jubilado, sabe que hizo un buen trabajo uniendo el dinero y el motor, y desde entonces, nadie ha bajado a la F1 del podio. Soy consciente de que estoy siendo manipulado, y de que quizá, disfrutaría más con otras categorías, pero quiero ser parte de esta historia. Y sentir eso, no tiene precio.

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