OPINIÓN | Ferrari falla mientras Red Bull brilla

El bache por el que atraviesa Ferrari es cada vez más hondo. La idílica situación que se dibujaba para los de Maranello tras el Gran Premio de Australia parece desvanecerse. Al finalizar la prueba de Melbourne, el liderato de Charles Leclerc era tremendamente holgado, aventajando a Max Verstappen por 46 puntos. Una distancia pasmosa que el holandés ha recortado en un plazo de tiempo increíblemente corto. Solamente ha necesitado tres carreras para dar un giro inesperado al campeonato y posicionarse como nuevo líder del mismo.

Sus triunfos consecutivos en Imola, Miami y España lo colocan en lo más alto, con seis puntos más que Leclerc. Hay varios motivos que explican lo ocurrido. El primero, el buen hacer de Verstappen y Red Bull. El holandés raramente comete errores y conduce con la confianza que le otorgó convertirse en campeón del mundo el año pasado. La seguridad en sí mismo y la implacabilidad son sus principales señas de identidad. No importan las condiciones, por muy complicadas que sean, o los adversarios. Max es un hueso duro de roer, alguien al que no se puede descartar de ninguna quiniela porque siempre está ahí, al acecho para atacar, para sacar tajada de hasta la más mínima oportunidad.

Sus contrincantes lo saben. Es el rival a batir y jamás hay que darlo por muerto. Da la sensación de que tiene una vida más que el resto. También hay que destacar el fabuloso trabajo de Red Bull, su incuestionable capacidad de reacción, de detectar los problemas, anticiparse a ellos y zanjarlos. Comenzaron la temporada un escalón por detrás de Ferrari tanto en el apartado del rendimiento como en la fiabilidad. Los dos abandonos de Verstappen en las tres primeras carreras encendieron todas las alarmas.

Precisamente, la debilidad mecánica se postulaba como el talón de Aquiles de los de Milton Keynes, un problema que, en poco más de un mes, ha sido erradicado con una solvencia solamente al alcance de los más grandes. Red Bull es un equipo sólido, curtido, que sabe lo que hace y hacia dónde se dirige. Una máquina de ganar perfectamente engrasada y con la confianza por las nubes gracias a su victoria frente a Mercedes en 2021. Por otro lado, no se puede negar que Ferrari ha contribuido al ascenso de los austriacos.

Las prestaciones de Leclerc están siendo fantásticas, propias de un piloto que aspira a convertirse en campeón, pero en Imola se equivocó al exceder los límites de su monoplaza y perdió un podio asegurado que se convirtió en una sexta plaza. Un error de pilotaje de los que se pagan caros. El compañero del monegasco, Carlos Sainz, no cosecha un único fallo, sino unos cuantos. Equivocaciones abultadas que denotan cierta inseguridad y excesiva presión. En España se volvió a ver la peor versión del piloto madrileño después de su salida de pista en los giros iniciales. Está lejos del rendimiento de Leclerc y él lo sabe.

Es fundamental que Sainz recupere el control para que Ferrari se enfrente cara a cara con Red Bull. Por último, una de las mayores virtudes de Ferrari hasta este momento, lo que los diferenciaba de la competencia, su impecable fiabilidad, decepcionó en el momento más inoportuno, cuando Leclerc acariciaba con la punta de sus dedos la victoria en Barcelona. Un triunfo que tenía en el bolsillo hasta que su motor se desvaneció. Un regalo inmenso para Red Bull, quienes no necesitan ningún tipo de ayuda para brillar.

En un campeonato tan ajustado, donde la igualdad entre los dos candidatos a hacerse con la corona es máxima, cada detalle cuenta. Para obtener el título es necesario acercarse a la perfección. Red Bull ya ha demostrado que puede hacerlo, ahora solo falta despejar la incógnita de la escudería de Maranello. Tienen que ponerse las pilas cuanto antes. El Gran Premio de Mónaco, que tendrá lugar en menos de una semana, dictará sentencia.

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