Cuando todo parecía estar a su favor para hacerse con la pole en Bakú, un error apeó al monegasco de la lucha por los 10 primeros.

Charles Leclerc se calificó a sí mismo como "idiota" tras estrellar su Ferrari en la Q2.

Podría decirse que en este mismo lugar, hace justo un año, empezó una gran historia. Charles Leclerc consiguió en 2018 sus primeros puntos del curso en Azerbayán. Otras grandes actuaciones en la temporada le valieron para hacerse, en detrimento de Raikkonen, con el asiento titular para este 2019 en Ferrari junto a Sebastian Vettel.

Pero ayer el de Mónaco cometió un error, pero fue un error necesario. Durante todo el fin de semana, el Ferrari número 16 se mostró con un ritmo superior no sólo al de Vettel, sino también al de absolutamente todos sus rivales. Leclerc apuntaba en todas las casas de apuestas como el favorito para llevarse la pole position. Y, sin embargo, una pasada de frenada a la entrada de la curva más estrecha del circuito disipó todas sus posibilidades. Era la sesión 2 de clasificación.

Leclerc ha comenzado el año de manera irregular, pero no por su pilotaje, sino por decisiones externas a él y fallos mecánicos. En Melbourne finalizó quinto después que su equipo le diera la orden de no atacar a su jefe de filas. En Bahréin, pese a conseguir su primer podio con un tercer puesto, la victoria se le escapó después de dominar todo el Gran Premio por problemas en su monoplaza. Hace dos semanas, en China, una pésima estrategia de Ferrari le apeó hasta la quinta posición.

Y aquí se sentía fuerte, confiado. Sabe que está sobresaliendo por encima de Vettel en muchas circunstancias, que si no está por delante de él en el mundial es, sobre todo, por decisiones de estrategia de su escudería. Atacaba cada curva del circuito urbano de Bakú al límite, besando los guardarraíles y pulverizando todos los cronos. Y, entonces, se encontró con el muro que le hará partir hoy desde la 9ª posición de la parrilla.

Leclerc se sentía con presión de hacer algo grande

En el mismo sitio que Leclerc estrelló su monoplaza, Vettel estuvo a punto de correr la misma suerte tan sólo unos minutos antes. El fin de semana pinta, una vez más, cuesta arriba para los de Maranello.

"Soy un estúpido, la he fastidiado", se oía al momento por la radio. Sabía que él mismo había tirado por la borda las opciones no sólo de pole sino, incluso, también de una posible victoria (aunque, si algo nos ha enseñado este circuito, es que todo es posible). Sin embargo, el "estúpido" error de Leclerc no tiene por qué ser algo negativo, sino que puede hacer que vengan cosas incluso más grandes.

Casi todo el mundo sabe que Charles es un campeón del mundo en potencia. La equivocación que tuvo ayer le hará, sin lugar a duda, pensar y recapacitar sobre cómo afrontar las distintas situaciones de un Gran Premio a lo largo del fin de semana. Es incluso, muy probable, que la presión por mostrar algo más, tras los desastres estratégicos de Ferrari en su contra, le haya hecho forzar, inadecuadamente, más de lo que debía.

Pero una cosa queda clara, este error era muy necesario, tarde o temprano tenía que llegar. Y, tras darle vueltas al asunto, ayer consideraba que Charles Leclerc, antes de su accidente, era un piloto que sería un peligro (en el buen sentido de la palabra) para sus rivales de la parrilla. Después de su incidente de ayer, que se prepare el resto, porque ahora es mucho más peligroso tras este aprendizaje. No sé qué ocurrirá hoy en Bakú (donde todo puede pasar), pero cada vez tiene más al alcance su primera victoria. Ojo a dentro de dos semanas en Barcelona.

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