¿Cómo justificamos esta vergüenza?

Pulgares abajo en Brasil

La Fórmula 1 es un deporte apasionante, por eso tiene tantos seguidores alrededor de todo el mundo. Las pasiones más fuertes y las más altas tecnologías se unen para que unos cuantos locos se jueguen la vida en la pista para conseguir ser mejor que los demás. Sin embargo, en ocasiones vemos situaciones vergonzosas que como aficionados a este deporte nos hacen replantearnos muchas cosas, y nos dejan en evidencia ante aquellos que minusvaloran este espectáculo. Es difícil esconder que una grada llena de personas abucheó a los monoplazas y agitó sus pulgares hacia abajo tras pagar una nada barata entrada.

Ayer vivimos en el circuito de Interlagos, una pista histórica de la que todos tenemos grandes recuerdos, uno de estos momentos alucinantes en los que no sabemos muy bien en que momento va a salir Juan y Medio con un ramo de flores a decir que todo era una broma. Personalmente, llegue a creer que ese papel lo asumiría Bernd Mayländer en esa escena más propia de una película del, tristemente fallecido, Leslie Nielsen que de una carrera que podía decidir el campeón del mundo. Pero no fue así, todavía ningún grupo ha declarado la autoría de la broma de ayer.

Pirelli y la FIA, grandes culpables

De ayer salen perjudicados dos grandes entidades internacionales: Pirelli y la FIA. En el caso de la marca italiana de neumáticos porque sus neumáticos de lluvia extrema son lo más parecido a una esponja que ha pisado este año un circuito de Fórmula 1 (obviemos por un segundo que ayer estuvo Slash en el circuito). La marca única que suministra neumáticos a los monoplazas más caros del planeta no puede entregar unos neumáticos de agua que solo sirven en el caso de que alguien por error derrame una botella de agua sobre el circuito. Todos sabemos que las dos banderas rojas de ayer vinieron por culpa de que los Pirelli no evacuaban el agua, no ni mucho menos porque las condiciones fueran salvajes.

Pirelli de agua

Pero no toda la culpa la va a cargar Pirelli, porque la FIA también se lleva su parte, y en su caso la mayor responsabilidad es la suya. No puedes pretender que Pirelli te entregue unos neumáticos de calidad si les permites pruebas a cuentagotas, y de forma casi secreta. Cualquier profesional de cualquier ramo sabe que, por muy bien que estudies algo, necesitas algo de práctica para que funcione correctamente. Y con los neumáticos eso también pasa. La obsesión absurda e ineficiente de la FIA por reducir gastos no lleva a ningún lado. Si algo tienen claro los organizadores de los deportes más populares es que a mayor emoción, más aficionados, y a más aficionados, más dinero, para todos.

Tampoco se va a ir de rositas dirección de carrera. Si no se puede correr a tope, que frenen. Es lo que hacemos todos cuando llueve, con nuestros Ford Fiesta y nuestros Renault Clio, que no va a poder hacer Hamilton con un Mercedes o Vettel con un Ferrari. Y por supuesto, más salidas tras el coche de seguridad no. Preferimos que los pilotos hagan las primeras vueltas a pie.

¿Cómo explicamos estos a los que no ven la Fórmula 1?

Era complicado explicar esta mañana que pasó ayer en la carrera a los que no siguen la Fórmula 1. ¿Cómo justificamos las vergüenzas del deporte que más nos gusta? Espectáculos dantescos como el de ayer no hacen sino minar la afición por este deporte, que cada temporada que pasa es más una broma de mal gusto que un espectáculo que te agarre al sillón.

Menos mal que nos quedan los pilotos, porque si no, sed sinceros, ¿que nos uniría a esta F1 enferma? Los aficionados pedimos por favor que esto cambie el año que viene. Hay esperanza más allá de la tormenta. Tenemos reglamento nuevo y dueños nuevos. Por favor, queremos espectáculo, no bromas de mal gusto.

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