La escudería de Maranello, que no consigue el ansiado título de pilotos desde el 2007, se enfrenta este año a una prueba de fuego. Tras varios años contando con un monoplaza muy competitivo, los medios italianos estarán más que nunca vigilando a los de Ferrari.

Hay una máxima que se ha repetido en todas las eras de la F1: en Ferrari sólo sirve ganar. Pero la historia reciente no acompaña a los coches rojos: el último título de pilotos fue obtenido en 2007 por Kimi Raikkonen, gracias en parte a la crisis interna vivida en McLaren, y el último de pilotos data del año 2008.

Fernando Alonso lo intentó, y por tres veces se quedó a las puertas obteniendo el subcampeonato. Pero la presión a la que someten los medios a la escudería hizo que volviera a McLaren. Su replazo en el 2015 fue Sebastian Vettel. El alemán aterrizaba cerca de Milán con cuatro títulos bajo el brazo y habiendo dominado con Red Bull el campeonato de 2010 a 2013. Pero los éxitos siguen sin llegar.

Y en 2018 parte de esa paciencia explotó. El equipo italiano lleva ya, al menos, dos temporadas (2017 y 2018) con un coche muy competitivo ganando carreras, pero los títulos han acabado siempre en las vitrinas de Lewis Hamilton y Mercedes. El año pasado fue especialmente doloroso, pues Sebastian Vettel comenzó ganando los dos primeros certámenes y, hasta el verano, contaba con una ventaja envidiable de puntos. Pero el error en su Alemania natal, a la larga, le costó un título que, incluso, se decidió en México (con dos GP aun por disputar). Un coche dominador que perdió el título cuando aun había 50 puntos en juego.

Y rodaron las cabezas. Maurizio Arrivabene fue destituido. Se ignoraron los consejos de Vettel de mantener a Kimi Raikkonen como segundo piloto, ascendiendo a Charles Leclerc desde Sauber. 2019 va a ser un año clave en Maranello. Y no queda ahí la cosa pues, cuando las aguas bajan turbias en Ferrari, sus movimientos suelen afectar por ende a todo el paddock del gran circo.

Sebastian Vettel, el pentacampeonato o la nada

Cuatro temporadas completadas con el mono rojo. En 2014 se anunció su fichaje comparándolo con el de Michael Schumacher. Un alemán volvía a la escudería para devolverle sus épocas de gloria. No mentimos al decir que Sebastian Vettel ha contado en 2017 y 2018 con unos monoplazas muy veloces. 5 victorias se anotó cada año, pero el título final nunca llegó.

El de Kelpien cada vez nota más la presión por ganar el título de pilotos. Los medios italianos no perdonan ni un mínimo error suyo, y se cebaron con él tras estrellarse en Hockenheim (cuando lideraba el campeonato y la prueba con gran ventaja), y el de Monza (un error de principiante contra Hamilton que le hizo trompear).

Vettel rompe una estadística nefasta: en más de un 80% de las ocasiones el vencedor de la primera prueba del campeonato suele hacerse con el cetro mundial. Sebastian ganó las pruebas iniciales de los dos últimos años. Pero sigue contando con “sólo” cuatro títulos de azul. El ansiado entorchado vestido de rojo se escapa una y otra vez a favor del equipo de Brackley.

Pese a que tiene contrato también para la temporada 2020 (como casi todos los pilotos), muchas voces indican que, si finalmente este año tampoco llega el título, la etapa en Ferrari de Vettel habrá finalizado. Hamilton partirá con ventaja en este aspecto. Parece que el inglés sólo tiene que enfrentarse a los pilotos rivales, mientras que Vettel también deberá hacer frente a sí mismo y a sus propios fantasmas.

Leclerc, un talento que puede esperar

Segundo año en F1, y el de Mónaco ya va a pilotar uno de los coches más potentes de la parrilla. Es casi imposible que nada salga mal para Charles Leclerc este año pues, aunque pilota para un equipo que, como hemos dicho antes, exige ganar ante todo, ha demostrado que tiene un gran talento y, evidentemente, no se le va a exigir el mismo nivel que a Vettel, que es quien realmente a día de hoy aporta sus galones al equipo.

Seguramente vamos a ver en muchas ocasiones a Leclerc en el podio, probablemente gane hasta alguna carrera. Acabe como acabe, habrá forjado una gran experiencia para intentar dar el salto definitivo en 2020. Si hay algo que no tiene Leclerc es prisa. Puede tomarse 2019 como un año de transición para grandes objetivos en el futuro.

Pero eso no quita que todo el talento que posea, haga que pegue la campanada esta misma temporada ya. Su posición como sophomore, al que no podrás recriminar que no gane el título, quizá hagan que se relaje psicológicamente de tal manera ante la presión que saque su mejor pilotaje. Muchos desean ver hasta qué punto mete presión a su compañero de equipo y cómo repercute en los resultados.

De una u otra manera, si la cosa ya estuvo interesante el año pasado, muchos pilotos estarán pendientes de lo que ocurra si la escudería acaba otro año en blanco. Puede ser la silly season más loca de la década.

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